sábado, 13 de noviembre de 2010

Llegada a Trivandrum (texto sin acentos)

Catorce horas despues de despegar de Londres aterrizo hecha un guinhapo en el aeropuerto internacional de Trivandrum. Soy la unica rubia del avion. Me doy cuenta de ello en cuanto me coloco en la cola para el control de pasaportes. El marcador de pasajeros indica que el total de extranjeros asciende a tres: una pareja de Brits con sus mochilas y la que suscribe. Los rizos de mi pelo empiezan a ser objeto de interes entre los ninhos. Aqui NADIE tiene el pelo rizado. Rubio y rizado equivale a bicho raro. Lo ninhos me miran entre divertidos y curiosos. Sus ojos oscuros y penetrantes me dejan hechizada.  Soy yo la que les miro a ellos.
Trivandrum es un aeropuerto pequenho. Las cintas por donde salen las maletas se ven desde la cola de los pasaportes. Alcanzo a ver a una  marea de personas y de carritos que se arremolina entorno a la cinta y empiezo a entender que recuperar mi maleta no va a ser facil…   Pues no, no es nada facil. El sistema indio para recuperar el equipaje es mi primer shock cultural. Las personas no esperan con su carrito de la mano sino que se plantan alrededor de la cinta habiendo dejado el carrito detras de ellos totalmente  ajenos  a la posibilidad de que alguien salga corriendo con sus  cosas. Se ve que nunca han pasado por el aeropuerto de Madrid.  Naturalmente me encuentro del otro lado de la caotica marea de carritos sin ninguna posibilidad de acercarme a la cinta, o sea, mas o menos en quinta fila. Para mi gran sorpresa no soy la unica. Un local viene empujando con su carrito y machacandome los tobillos en el proceso.  Estoy a punto de girarme con cara de mala uva cuando este simpatico local me aparta, aparta un carrito, dos, y tres con toda naturalidad y se abre hueco hacia la cinta.  En ese momento solo puedo pensar en una cosa… si pasa el, yo voy detras. Asi si los locales le montan bulla que se entiendan  entre ellos.  Tiro decidida tras el local quien, oh sorpresa! no se dirige a la cinta sino a una espacio en el cual no habia reparado (enterrado entre la masa de locales) donde hay varias maletas que han ido retirando de la cinta. Sale victorioso con su maleta. Me sonrie. Aqui todo el mundo sonrie. Se ve que nunca han vivido en Belgica. Deduzco logicamente que la mia tambien puede andar enterrada alli pero para eso me tengo que alejar del carrito cargado con los duty-free de Dubai que son mi regalo para los padres de la persona que me acoge en su casa. Confio en mis angeles, abandono mi carrito, penetro en la masa, busco una maleta roja, no la veo, empujo otro poco  y, si, ya la veo,  enterrada al fondo asoma mi maleta triturada bajo el peso de otras dos. Me pregunto  como la voy a sacar de ahi…. De repente, le indico a alguien que si, que esa al fondo el la mia, pero que no llego a no ser que aplaste a tres personas. De repente, 26 kilos de maleta pasan de mano en mano (la cara de ninha buena ha funcionado en Londres) y me la ponen a mis pies. En ese momento quiero decir GRACIAS, thank you thank you thank you. Sois estupendos, y caoticos, y muy simpaticos! Me voy con el botin, recupero mi carrito donde todo esta asi como lo deje, y salgo con la sonrisa de la Victoria. Una pareja de locales me felicita. Parece que he pasado la primera prueba.
 Son las cuatro y media de la manana. Las doce en Belgica.  Voy hacia la salida y empiezo a ver la masa arremolinada esperando a sus seres queridos. Me pregunto como sera Manu y si me va a reconocer.  Parezco un gremlin, y la foto que le envie era de lo mas glamurosa. Imposible reconocerme.  Empujo el carrito con la poca dignidad que me dan tantas horas de vuelo en las espaldas y de repente, un poquito mas lejos veo un cartel del tamano de un DINA3 con mi nombre escrito tan grande y tan claro “INMA” que es imposible no verlo. Ni me acuerdo cuando fue la ultima vez que alguien me recibio asi. En realidad creo que nadie me ha recibido nunca asi. Lo mas cercano sucedio en el aeropuerto del Prat hace como mil anos, cuando el hoy mi ex-novio me recibio con un ramo de gerberas que le tapaba completamente. Esto no son flores pero me hace sentir igual de bien. Se me olvida el cansancio, saludo contenta, y encuentro la sonrisa blanca de Manu, satisfecho de haberme encontrado.  Los dos respiramos aliviados. La masa nos mira, me mira. Parece ser que no es tan normal ver a rubias, no acompanadas y sin nada de “charme” saliendo  a esas horas del aeropuerto.
Finalmente he llegado a Trivandrum.



lunes, 8 de noviembre de 2010

One to D Day - Qué meter en la maleta (2)?

La maleta está que revienta. No me lo explico. Pensé que los años de scout me habían servido de algo.
Me viene a la memoria la historia de las tres pilas de cosas. Os la cuento.

Haz tres montones. Uno: las cosas absolutamente imprencindibles (después de describir y organizar minuciosamente el botiquín no me queda más remedio que llevármelo a cuestas); en este montón va también "un calzocillo para cada día", sabio consejo de mi sobrino, a quién los campamentos de verano le han dejado una cosa clara: no te puedes ir sin una muda diaria. Le he contado entre risas ahogadas que seguramente podré lavar las cosas allí, que aquello no es la selva amazónica y creo que lo ha entendido todo. Un calzado cómodo, preferiblemente con Goretex (respira y es impermeable) cierra este montón. Dos: las cosas que te serán útiles y que utilizarás cada día: tu ipod (la música relaja a las fieras), tu ordenador (cuestión de comunicarse con el mundo y de que tu madre no acabe llamando a la embajada para saber ¿Dónde está mi niña???? Parece broma pero doy fé de que ya me sucedió), tu cámara de fotos (para subirlas al blog y esperar los comentarios de tus amigos), y tu móvil (las emergencias suceden).  Tres: todo el resto.

El manual de marras recomienda marcharse con las dos primeras y dejar el tercer montón en casa. Lo malo es que en el tercer montón va la mayor parte de mi ropa, mi cuaderno de bitácora, las cremas hidratantes, un par de regalos para honrar la maravillosa hospitalidad india y dos libros que me han regalado y que bajo ningún concepto se quedarán en tierra. En conclusión, empujo todo lo que puedo sin oir crack y cierro la maleta con un suspiro. Pondré mi mejor cara de niña buena cuando facture y le pediré a mis ángeles que el responsable del check-in con Emirates sea magnánimo y bondadoso y haga la vista gorda.

Empiezo a creerme que me voy. Y me voy con los deberes hechos. He cerrado los "pendientes" en el despacho, y ¡oh, milagro! he vaciado el frigorífico. Los que me conocen, saben que esto es realmente un milagro. No pertenezco a la generación de la posguerra y he crecido con todo lo que podía necesitar. Sin embargo, las vacaciones en casa de la abuela dejaron impronta en mi. Me acostumbré a tener un frigo lleno de comida, listo para abastecer a un batallón. Y hasta el día de hoy. Veo la radiografía de mi frigo y sonrío satisfecha. Sólo dejo las cervezas y una botella de Ana de Codorniú que nunca falta (por si hay que celebrar algo). Cierro también otros asuntos pendientes. Me voy en busca de paz.

 To be continued

martes, 2 de noviembre de 2010

Seven to D Day - Qué meter en la maleta (1)?

No madam, 20 kilos, ni uno más ni uno menos, me responde la voz de un amable trabajador de Emirates.
Pues va a ser eso, 20 kilos pero muy apretados, puramente a la africana que para eso una tiene ya experiencia.

Primer desafío. El botiquín. Claro, no importa que los medicamentos ocupen literalmente el 25% de mi espacio útil ¿Cómo ve voy a ir SIN TODO ESO? Cualquiera diría que soy un enfermo terminal a la vista de todas las cajitas que me acompañan, de variados tamaños, colores y precios. Aquí va la lista, no exhaustiva, de lo que parece que es indispensable para curarlo o evitarlo todo (excluyendo el mordisco de un tigre o el empujoncito de un simpático paquidermo de esos que andan libremente por aquél país):

1. Antidiarreicos. A la lectura de los cuadernos de bitácora de muchos viajeros, mejor no dejárselo en casa. Es muy incómodo tener que estar buscando un servicio/letrina cada diez minutos y bastante irritante, no solo para la moral. Asociado a ellos, las famosas ORS, oral rehidration salts, remedio de santo para la deshidratación que acompaña a las vulgares cagaleras. Además, ahora las hacen con saber a naranja.

2. Povidona yodada, el mejor desinfectante para las heridas. Gasas para limpiarlas. 

3. Pomadas y colirios varios. Mis favoritos: un colirio para las infecciones oculares (con tanto polvo en el ambiente es probable que aparezca una conjuntivitis); una crema para las dermatitis oculares (si, lo habéis adivinado, los que tenemos gafas sabemos de todo esto); una solución salina para los ojos (tipo Aqualens) que funciona fenomenal para evitar irritaciones, una crema labial; y una pomada contra herpes labiales.

4. Un producto para purificar el agua en caso de que no estéis seguros de su procedencia. Lo mejor, el agua embotellada, evitar los cubitos de hielo, e ignorar las ensaladas.

5. Uno de esos geles que desinfectan las manos sin necesidad de agua. Son fantásticos, baratos y muy útiles. Un must. Asociado a este, un jabón en forma de hojas de papel. No pesa nada, no ocupa nada. Los ex-novios a veces tienen fantásticas ideas!

6. Crema solar. Protección 50 para los rostros pálidos como yo. Protección 30 para el resto. Un spray contra las quemaduras solares, porque no sé cómo, siempre acabo como un cangrejo.

7. Los repelentes contra mosquitos. Si no podeis encontrar el Off! Deep Woods que es el mejor, seguro que encontraréis Relec en farmacias. Siempre he pensado que los mosquitos consideran e Aután como la salsa del banquete así que ni siquiera lo recomiendo. Lo mejor, los pantalones y camisetas de manga larga y una buena mosquitera impregnada.

8. Antiinflamatorios (ibuprofeno) y pastillas contra el dolor (paracetamol). Antibióticos (por si las moscas). No se deben tomar antibióticos sin un diagnóstico pero si las cosas se ponen muy feas y vosotros más, la amoxicilina (Augmentine, por ejemplo) puede sacarte de una situación un poco difícil. Tener un hermano médico ayuda mucho a conseguir todo esto.

9. Para los que son como yo, que se pueden agarrar un resfriado en plena canícula, y pasarse tres noches en vela tosiendo, los descongestionantes nasales (Rhinocor) y los jarabes milagrosos (Toseína, sin él mi vida no sería igual) son insustituibles. Mis compañeros del dorm en el ahsram me lo agradecerán.

10.Unas tijeritas. Increible lo útiles que pueden ser. Si las tenéis integradas en las navajas multiusos a lo Indiana Jones pues bien y si no queréis cargar con la navaja que pesa mucho podéis robarle las tijeras de hacer mariquitas a vuestro hermano pequeño cuando esté despistado. Cortan, que es lo que importa. No tienen que ser las de cirujano y os sacarán de algún apuro.

11. Intencionalmente, he dejado la última entrada para lo específicamente femenino. Los hombres se lo pueden saltar. Aquí las féminas cuya anatomía es la que es, os recomiendo vivamente que os llevéis un tratamiento para las infecciones urinarias (Monurol funciona muy bien) y unos ovulos de clotrimazol por si os visitan las cándidas. Doy por supuesto que los preservativos van en vuestra maleta ( y en la de los hombres). No andan los tiempos para bobadas.

Y pensar que era yo la que acusaba de friki a mi amigo polaco cuando me contó todo lo que se llevaba con él "por si las moscas"? Será la edad, pero no me apetece tener que andar buscando mis remedios a última hora ni explicarle al farmaceútico que me duele o me pica ahí.

To be continued