lunes, 8 de noviembre de 2010

One to D Day - Qué meter en la maleta (2)?

La maleta está que revienta. No me lo explico. Pensé que los años de scout me habían servido de algo.
Me viene a la memoria la historia de las tres pilas de cosas. Os la cuento.

Haz tres montones. Uno: las cosas absolutamente imprencindibles (después de describir y organizar minuciosamente el botiquín no me queda más remedio que llevármelo a cuestas); en este montón va también "un calzocillo para cada día", sabio consejo de mi sobrino, a quién los campamentos de verano le han dejado una cosa clara: no te puedes ir sin una muda diaria. Le he contado entre risas ahogadas que seguramente podré lavar las cosas allí, que aquello no es la selva amazónica y creo que lo ha entendido todo. Un calzado cómodo, preferiblemente con Goretex (respira y es impermeable) cierra este montón. Dos: las cosas que te serán útiles y que utilizarás cada día: tu ipod (la música relaja a las fieras), tu ordenador (cuestión de comunicarse con el mundo y de que tu madre no acabe llamando a la embajada para saber ¿Dónde está mi niña???? Parece broma pero doy fé de que ya me sucedió), tu cámara de fotos (para subirlas al blog y esperar los comentarios de tus amigos), y tu móvil (las emergencias suceden).  Tres: todo el resto.

El manual de marras recomienda marcharse con las dos primeras y dejar el tercer montón en casa. Lo malo es que en el tercer montón va la mayor parte de mi ropa, mi cuaderno de bitácora, las cremas hidratantes, un par de regalos para honrar la maravillosa hospitalidad india y dos libros que me han regalado y que bajo ningún concepto se quedarán en tierra. En conclusión, empujo todo lo que puedo sin oir crack y cierro la maleta con un suspiro. Pondré mi mejor cara de niña buena cuando facture y le pediré a mis ángeles que el responsable del check-in con Emirates sea magnánimo y bondadoso y haga la vista gorda.

Empiezo a creerme que me voy. Y me voy con los deberes hechos. He cerrado los "pendientes" en el despacho, y ¡oh, milagro! he vaciado el frigorífico. Los que me conocen, saben que esto es realmente un milagro. No pertenezco a la generación de la posguerra y he crecido con todo lo que podía necesitar. Sin embargo, las vacaciones en casa de la abuela dejaron impronta en mi. Me acostumbré a tener un frigo lleno de comida, listo para abastecer a un batallón. Y hasta el día de hoy. Veo la radiografía de mi frigo y sonrío satisfecha. Sólo dejo las cervezas y una botella de Ana de Codorniú que nunca falta (por si hay que celebrar algo). Cierro también otros asuntos pendientes. Me voy en busca de paz.

 To be continued

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