jueves, 23 de diciembre de 2010

mi vida en un ashram (4) texto sin acentos

En un ashram se experimentan todo tipo de sensaciones.
 
La primera es curiosidad. Curiosidad  por saber como se organiza esta pequenha ciudad donde viven juntas las 24 horas del dia doscientas personas que no se conocen de nada. Funciona estupendamente, la verdad. En parte gracias a nuestro propio trabajo, porque el karma yoga, o servicio a la comunidad, es uno de los cinco puntos fundamentales de la filosofia del yoga que va mucho mas alla de los ejercicios corporales de estiramiento. Despues del shock de descubrir que el ashram estaba comunicado con el mundo via internet, tambien descubro la lavanderia y el bar, aqui denominado health hut, porque alli se sirven los complementos de comida (ensaladas de fruta, frutos secos, y zumos deliciosos que saben a fruta y no a quimicos). Los que soportan mal la dieta monotona de okra-papata-arroz-judias-Idonotwhat siempre pueden comer algo de fruta. Es nuestro chiringuito donde conversamos sobre lo que aprendemos. Bueno, entre actividad y actividad, se entiende. El ashram no tiene movie teather, no, pero en el templo se desarrollan todo tipo de actividades, incluyendo algunas peliculas que ya os comentare mas adelante.
 
La segunda es tristeza. Todos llegamos aqui con nuestra mochila en los hombros, buscando un lugar donde aclarar nuestras ideas. En ese proceso de limpieza tenemos que eliminar muchas cosas, no solo estres fisico y alimenticio, sino emocional. La  rutina del ashram ayuda mucho a organizar el dia y eso es una bendicion. Uno no tiene que pensar en nada porque hay un horario que cumplir a rajatala, que ni la guardia pretoriana. Practicamente el unico momento donde se esta tranquilo sin hacer nada es en el comedor. Durante esos ratos de come y calla he visto llorar a mas gente que en toda mi vida. Y en ese paquete me incluyo yo misma. Sorprende ver con que facilidad se llenan los ojos de lagrimas sin razon aparente en el momento que uno menos se lo espera. Estamos destilando el peso de la mochila... Siempre hay alguien que te ve (horror... porque tienen que mirarme cuando tengo cara de gremlin???), y siempre hay una mano que se apoya en tu brazo para decirte que sea lo que sea lo que te hace llorar no es tan importante. Aqui venimos todos a lo mismo. A buscar paz. Y llorar es parte del proceso. Las ventajas de llorar son inmensas. Tranquiliza, la tension se libera, el adbomen trabaja. Y ademas limpia los ojos. Las lagrimas saladas desinfectan el globo ocular y eso es muy importante en un lugar donde las conjuntivitis campan a sus anchas.
 
La tercera es fustracion. Esta me acompanha casi todos los dias durante las cuatro horas diarias de yoga. No hay manera de hacer ESO que hacen ellos. Hasta donde se supone que tu cuerpo se puede doblar? La respuesta es mucho, pero mucho de verdad. Mi cuerpo se estresa ante la idea de que mis dos rodillas deban tocar mis dos orejas. Y cuanto mas me estreso peor me salen los ejercicios. Creo que el proximo unit retreat con mis colegas del trabajo deberia ser una clase de yoga. Eso le ensenharia humildad al 90% de las personas con las que trabajo cotidianamente, y vive Dios que lo necesitan.
 
La cuarta, y para compensar la anterior, es alegria. Si, una alegria grande que proviene de situaciones insospechadas. Uno sonrie cuando ve a companheros profundamente dormidos en la meditacion a las seis de la manhana. Andamos tan agotados que la gente se duerme por las esquinas en cualquier postura. Uno sonrie cuando recibe mas galletas de las que le tocan porque siempre hay alguien al que no le gustan las galletas. Uno rie y rie cuando los chicos cuentan que con la comida del ashram estan catatonicos y su miembro no se levanta por las manhanas. Sigue riendo cuando se da cuenta de que la comida vegetariana le esta provocando tantos gases en el estomago que es imposible contener la flatulencia. Si, aqui todo el mundo anda tirandose pedos y todo el mundo esta tan tranquilo Lo dicho, shanti shanti. Ha habido sesiones de yoga memorables con unos pedos autenticamente sonoros y unas risas que se hubieran podido oir del otro lado del planeta. A todos nos pasa lo mismo y todos nos morimos de risa. Uno tambien sonrie cuando ve el sol por primera vez tras 15 dias de lluvia tropical. Y uno de mis mayores momentos de alegria, LO TENGO QUE CONTAR, es el dia en que me puse cabeza abajo yo sola. Tras dias y dias de saltitos ridiculos, de hacerme papilla el cuello y de fortalecer los musculos de los brazos, un bien dia mis piernas se levantaron con muchisimo esfuerzo y se mantuvieron en vertical sobre mi cabeza por por primera vez. Vi la cara de mis companheros, empujando mentalmente conmigo para que me mantuvieran en la vertical. Cinco segundos, diez, quince. Abajo. Me siento en la esterilla con una sonrisa de oreja a oreja. Mis companheros me sonrien. Esto si que est trabajo en equipo. Todos nos alegramos de los progresos de los otros. Esta es la mejor terapia!!!!
 
To be continued

lunes, 20 de diciembre de 2010

mi vida en un ashram (3) texto sin acentos

Le voy a dedicar un capitulo entero al arte de comer con las manos.
 
Una parte fundamental de la educacion occidental consiste en aprender a coger los cubiertos, a distinguir para que sirven unos y otros, a comportarse en la mesa, a no eructar ni escupir. Por supuesto, la comida no se toca con las manos. Protocolo, senhores, protocolo. Estoy empezando a pensar que no hubiera sido una buena esposa de diplomatico. He descubierto que me gusta chuparme los dedos.
 
En el ashram no hay cubiertos. Todo el mundo come con las manos. Limpias, se entiende. O deberia decir la mano? Solo la mano derecha es pura. La izquierda se usa para otros menesteres que no describire aqui (otra de las particularidades de este pais donde un rollo de papel es tan caro como ir al restaurante). Mi familia, al completo del PP, sonreira y asentira. Ves como la izquierda no sirve para nada bueno?
 
Al principio, comer con las manos es una sensacion un tanto desagradable. Pringarme los dedos con toda la comida no me sale facilmente. Pero el hambre puede mas que yo. Empiezo a remover con el indice pero no basta. Pronto pulgar y mediano estan ayudando al indice. La base de la comida es el arroz, un arroz un poco bruto, nada de basmati para paladares delicados. Empiezo a hacer bolas con todo lo que me sirven. Tengo tanta hambre que no pregunto que es. Come y calla, es que no lo has oido ya doscientas veces? Intento meterme la bola en la boca. Se resbala. La mitad acaba en el plato, la otra mitad en mis pantalones. Mierda... Es que no es facil comer con las piernas cruzadas. A cada bocado debes inclinarte hacia delante porque la bandeja esta apoyada en el suelo. Hala, otra flexion y otro bocado, flexion bocado, flexion bocado. La rutina se repite hasta que dejas el plato como una patena. Tengo las rodillas hechas papilla. Pero el estomago lleno.
 
Tiene muchas ventajas comer con las manos. Lo primero es que nunca te quemas la lengua. Antes de que eso suceda te quemaras los dedos y esperaras que la comida se enfrie un poco. Lo segundo, nunca te atragentaras porque el tamanho del bocado nunca sera mas grande que el hueco que logres hacer con los dedos. Tercero, se come mucho mas despacio porque hay que agarrar la comida y evitar que se te caiga antes de ponertela en la boca. Mas despacio comes, mejor sera tu digestion. Cuarta y ultima ventaja: te puedes chupar los dedos!!!! Cierto es que la comida vegetariana no es para dar saltos de alegria pero cuando llego al postre, tan pequenho que hay que mirar dos veces para encontrarlo, me chupo los dedos de verdad. Me relamo. Y nadie me mira mal por eso.
 
 
 
 

lunes, 13 de diciembre de 2010

Mi vida en un ashram (2) texto sin acentos.

Oigo voces a lo lejos, parecen canticos pero no podria asegurarlo. Oigo repicar una campana, como se hacia antiguamente en los pueblos par avisar de las emergencias a los parroquianos. De repente alguien enciende la luz y me saca de mis ensonhaciones. Abro los ojos, lo veo todo cuadriculado. Habia olvidado que estaba debajo de una mosquitera.
 
El dorm se pone en marcha. Son las 5:30 de la manhana. No hago preguntas. Me quito las leganhas con las manos y decido que mi cuerpo no es capaz de soportar una ducha fria antes del desayuno. En un asrham no hay agua caliente. El agua fria desentumece los musculos, despierta la mente y tonifica. A pesar de todos esos beneficios, persisto en mi actitud y me escabullo fuera del dorm con mis esterilla de yoga a cuestas. Llevo doce horas aqui y ya he entendido que la esterilla es el equivalente de tu silla; si no tienes esterilla te sientas en el suelo, y el suelo esta casi siempre mojado.
 
A las seis de la manhana nos reunimos todos en el templo. Es la hora del satsang, o sea, que nos sentamos en silencio, intentando seguir las instrucciones del swami (el monje que viste de naranja) que nos esta iniciando en el arte de meditar.  Para meditar se necesita  mucha concentracion y mucho entrenamiento. Cierro los ojos, me concentro en mi respiracion, intento imaginar un punto en el medio de mis cejas, mi tercer ojo, entono el mantra ohmmmmmm, ohmmmmm, ohmmmmmm. Veo cosas. Figuras geometricas de colores que se repiten hasta la saciedad. Si pudiera dibujar todo lo que veo con lo ojos cerrados crearia formas imposibles, y arquitecturas que solo se sostendrian en mi mente. De repente me acuerdo de Escher y de sus dibujos imposibles. Me pregunto si Escher meditaba...
 
Me rasco en un brazo. Me acaba de picar un mosquito. Normal. A las cinco de la manhana no me he acordado del repelente. Doscientas personas sentadas en filas perfectas y sin mover una ceja durante media hora son el bocado perfecto. Si yo fuera mosquito iria a comer al templo. Un monton de sangre disponible y ademas esta sabe diferente. Cada semana cambian el menu. Los nuevos incautos que se concentran en su tercer ojo con toda la fuerza de su mente no se inmutan por las picaduras. Lo dicho, los moquitos de este ashram son felices.
 
Oigo rugidos en la lejania. Unos rugidos bestiales que provienen de una reserva de animales donde hay leones. El rugido del leon se oye a kilometros de distancia. Es un sonido que te hiela la sangre en las venas, te deja completamente paralizado. Se oye tan claramente en medio del silencio de la meditacion que uno se pregunta  a cuanta distancia estaran los leones. Confio en que esten lo suficientemente lejos. Me dan envidia, rugiendo y rugiendo, y sin tener que sentarse con las piernas cruzadas en la posicion del loto intentando mantener el espinazo derecho. De repente me doy cuenta de que no estoy meditando. Todas estas cosas pasan por mi cabeza cuando yo deberia poner mi mente en blanco (o en negro, porque negro es todo lo que veo). Los leones siguen ruge que te ruge. Ahora si que se oye claro que hay mas de un leon. Caigo en la cuenta de que los leones se lo estan pasando estupendamente. Son la seis de la manhana y estan copulando. Me vuelven a dar envidia, estos bichos tan simpaticos. Aqui en el asharm, celibato total. Pero se puede saber como me voy a poder concentrar yo en la nada de mi mente si me parece estar oyendo en estereo una emision del National Geographic sobre las quince horas al dia de copulacion de los leones en epoca de celo? Shiva, Vishnu y Ganesha, ayudadme a concentrarme porque mi mente se esta yendo por otros derroteros... Shanti, shanti, shanti...
 
Se encienden las luces. Empiezan los canticos. Cantamos en sanscrito. Una verdadera preciosidad de idioma. Los holandeses deberian haber aprendido algo mas de su estancia en la India e importar la musicalidad del sanscrito. El holandes es la lengua mas fea del planeta. Siento la vibracion en mi pecho. Es una sensacion agradable. Mi cuerpo vibra. Puedo sentir la energia de esa vibracion comun. Doscientas personas entonando al mismo tiempo son una fuerza increible. No entiendo nada de lo que canto. Ni falta que hace. Cantar es mucho mas facil que meditar y ahi voy, cantandole a Ganesha y pensando que el cura de mi parroquia estaria feliz si cantara con la misma devocion en la iglesia.
 
Tras el satsang agarro mi esterilla y me voy a clase de yoga. Es mi primera clase. Miro a mi alrededor. Los hay tan perdidos como yo y respiro aliviada. Nuestro profesor para principiantes es indio y tiene una voz musical. Enhale, exhale, breath, breath.... Me dejo llevar por esa voz delicada que parece que canta. Intento seguir las instrucciones y descubro que mi cuerpo es fuerte pero no es flexible. No me desanimo y sigo obedeciendo al profesor. Es parte de la dinamica del ashram. No puedo parar de sudar. La humedad en el ambiente es brutal. Mi cuerpo se resiste a la tortura de estirarse ad infinitum. Pero como es posible que se coja las manos por la espalda? Me recuerda al circo del sol... Pienso en el potro medieval y en como les descoyuntaban los huesos. Siento que estoy a punto de hacer crack. Pero no hago crack. Es la maravilla del yoga. Lo empiezas en estado catatonico a las ocho de la manhana y lo acabas fresco como una rosa a las diez. Primera sopresa y no sera la ultima.
 
 to be continued

jueves, 9 de diciembre de 2010

Mi vida en un ashram (1)

Un ashram es un lugar de paz, de sosiego, de meditacion, de ejercicio, de silencio. En suma, un lugar que a muchos les pareceria un autentico tormento.
Tres dias despues de mi llegada a Trivandrum vuelvo a hacer la maleta para estar quince dias en un ashram. Me voy a convertir en un "Yoga Vacationer", un termino simpatico acunhado por los administradores para los que se acercan a este lugar mas con la intencion de retorcerse hasta la asfixia que con la intencion de meditar. En realidad todos hacen yoga y todos meditan, pero unos mejor que otros.

Manu se ofrece a llevarme en la moto. Hace anhos que no monto en una moto. Le pregunto que si tiene casco y en su broken english me responde con un meneo de cabeza. Eso es si. Me ha llevado algun tiempo acostumbrarme a las respuestas de los locales. Un meneo de cabeza hacia ambos lados varias veces significa si. Ellos nunca dicen que no. Meto toda la ropa que puedo en la mochila. No cabe nada de nada. Es que nunca me va a sobrar espacio?

El viaje a Neyyar Dam, a unos 28 kilometros de Trivandrum es una sucesion de casas y arboles y casas y arboles. No hay espacio entre pueblo y pueblo. La densidad de poblacion es brutal. Tampoco hay senhales que indiquen hacian donde nos dirigimos. Es imposible para un extranjero manejarse en este pais donde todo esta en Malayalam, un lenguaje que me recuerda al ruido del oxigeno saliendo de una bombona bajo el agua. Una especie de "malabaralabarala, ah, lerubarala", en el que no puedo ni siquiera identificar el fin de las frases. Viajo pegada como una lapa a la espalda de Manu. El tiene casco pero yo no. Le pido a Vishnu, a Shiva y a Rama que no me dejen caer justo ahora que empieza el viaje. Me escuchan. Manu conduce estupendamente pero yo sigo tan aferrada que me duelen los brazos de tanto apretar. Ni me imagino lo que estara pensando. Aqui las mujeres viajan sentadas perpendicularmente a la moto, tan campantes, con una facilidad que me pasma. Como soy guiri ignoro las costumbres locales. Calculo que en caso de accidente  tengo mas posibilidades de aterrizar sobre una mochila a punto de reventar viajando como una garrapata que sentada al estilo indio y sin asidero.

El ashram aparece al frente al cabo de una hora. Es lo que se tarda en hacer 28 km. En este pais se pierde la nocion del tiempo. Todo va a su ritmo. Si te enfadas es igual. Asi que mejor no enfadarse. "Sivananda Yoga Vedanta Ashram"  anuncia la entrada. Lo primero que veo es un guardia de seguridad (aqui en el medio de la nada un segurata?). Cruzo el umbral, me descalzo. No se admiten zapatos ni en la recepcion, ni el el templo, ni en los dormitorios, vamos que mejor te olvidas de los zapatos. Caminar descalzo es una sensacion que se aprende. Descubro que yo he perdido esa sensacion hace tiempo. Virgencita, voy a salir de aqui con unos hongos como camellos. El agua de lluvia lo empapa todo. La primera sensacion de humedad en los pies me repugna. Cinco minutos despues me he olvidado completamente de ello.

Estoy en plena discusion con la administracion. Como que no encuentran mi reserva? Pero si me lo han confirmado!!!  Dear, calm down, calm down, me dice una chica mas americana que un billete de un dolar con la sonrisa mas falsa que he visto en anhos. Tienes una copia de la confirmacion? Pues mira, no. En mi correo electronico debe estar. Y va y me manda al centro de internet. De internet? Pero hay de eso aqui? Pero esto no es una especie de monasterio donde no hay contacto con el mundo exterior? Pues no.  Media hora despues aparezco triunfante con la  prueba de mi reserva. Me admiten pero me mandan al dorm, o sea, a los barracones. Horror.

Me dan algo que parecen unas sabanas. Acerco la nariz. Huele a humedad. No me extranha. No ha parado de llover desde que llegue. Me lo tomo como una prueba mas de la flexibilidad que debo aprender. Humildad, humildad. Reclamo una mosquitera. Puedo vivir sin muchas cosas pero no sin mosquitera, yo que tengo la sangre dulce y que soy bocado sistematico de los bichos voladores.  Con mi botin me encamino al dorm. Busco una cama libre. Todas me parecen horrendas. Decido instalarme al lado de una chica que lee. No me parece demasiado feliz. Otra americana? Pero bueno, es que se han venido todos aqui? O es que estan todos estresados? Esta californiana lleva seis dias aqui y se marcha manhana. No aguanta mas. A la vista de los colchones, y del estado higienico del dorm no se lo puedo reprochar. Hago de tripas corazon, coloco las sabanas, instalo la mosquitera… Pero donde voy a colgar yo la mosquitera? No hay gancho! Corro a la administracion. Que no hay gancho. Que no pienso dormir sin mosquitera para amanecer hecha un ecce homo y con principio de dengue. Madam, madam, take a sit. Que no hombre, que no me siento. Y deja de menear la cabeza que me pones nerviosa! Estoy empezando a pensar que en vez de alcanzar peace of mind me voy a liar a gritos de un momento a otro. Salgo de la recepcion con cuatro cachos de cuerda. No son lo suficientemente largos para colgarme…

Al menos he llegado a la hora de la cena. Me dirijo al comedor. Oigo gente entonando canticos. Debe ser las oraciones antes de la cena. Hay barullo, es la hora de comer y la gente se relaja. Alguien con aspecto de Kunta Kinte recuerda a golpe de microfono: “Please, eat in silence”. Pues eso, come y calla. Todos comemos en bandejas instaladas en el suelo, formando grandes hileras. Me instalo en el primer sitio a mi alcance. Le pregunto al de al lado que si tambien acaba de llegar. Me sonrie y me dice que si, con un acento lejano al ingles. Se llama Marcos. Y es de Tarragona. Siempre lo he dicho, hay catalantes por todo el mundo, Visca Calalunya.

To be continued