jueves, 9 de diciembre de 2010

Mi vida en un ashram (1)

Un ashram es un lugar de paz, de sosiego, de meditacion, de ejercicio, de silencio. En suma, un lugar que a muchos les pareceria un autentico tormento.
Tres dias despues de mi llegada a Trivandrum vuelvo a hacer la maleta para estar quince dias en un ashram. Me voy a convertir en un "Yoga Vacationer", un termino simpatico acunhado por los administradores para los que se acercan a este lugar mas con la intencion de retorcerse hasta la asfixia que con la intencion de meditar. En realidad todos hacen yoga y todos meditan, pero unos mejor que otros.

Manu se ofrece a llevarme en la moto. Hace anhos que no monto en una moto. Le pregunto que si tiene casco y en su broken english me responde con un meneo de cabeza. Eso es si. Me ha llevado algun tiempo acostumbrarme a las respuestas de los locales. Un meneo de cabeza hacia ambos lados varias veces significa si. Ellos nunca dicen que no. Meto toda la ropa que puedo en la mochila. No cabe nada de nada. Es que nunca me va a sobrar espacio?

El viaje a Neyyar Dam, a unos 28 kilometros de Trivandrum es una sucesion de casas y arboles y casas y arboles. No hay espacio entre pueblo y pueblo. La densidad de poblacion es brutal. Tampoco hay senhales que indiquen hacian donde nos dirigimos. Es imposible para un extranjero manejarse en este pais donde todo esta en Malayalam, un lenguaje que me recuerda al ruido del oxigeno saliendo de una bombona bajo el agua. Una especie de "malabaralabarala, ah, lerubarala", en el que no puedo ni siquiera identificar el fin de las frases. Viajo pegada como una lapa a la espalda de Manu. El tiene casco pero yo no. Le pido a Vishnu, a Shiva y a Rama que no me dejen caer justo ahora que empieza el viaje. Me escuchan. Manu conduce estupendamente pero yo sigo tan aferrada que me duelen los brazos de tanto apretar. Ni me imagino lo que estara pensando. Aqui las mujeres viajan sentadas perpendicularmente a la moto, tan campantes, con una facilidad que me pasma. Como soy guiri ignoro las costumbres locales. Calculo que en caso de accidente  tengo mas posibilidades de aterrizar sobre una mochila a punto de reventar viajando como una garrapata que sentada al estilo indio y sin asidero.

El ashram aparece al frente al cabo de una hora. Es lo que se tarda en hacer 28 km. En este pais se pierde la nocion del tiempo. Todo va a su ritmo. Si te enfadas es igual. Asi que mejor no enfadarse. "Sivananda Yoga Vedanta Ashram"  anuncia la entrada. Lo primero que veo es un guardia de seguridad (aqui en el medio de la nada un segurata?). Cruzo el umbral, me descalzo. No se admiten zapatos ni en la recepcion, ni el el templo, ni en los dormitorios, vamos que mejor te olvidas de los zapatos. Caminar descalzo es una sensacion que se aprende. Descubro que yo he perdido esa sensacion hace tiempo. Virgencita, voy a salir de aqui con unos hongos como camellos. El agua de lluvia lo empapa todo. La primera sensacion de humedad en los pies me repugna. Cinco minutos despues me he olvidado completamente de ello.

Estoy en plena discusion con la administracion. Como que no encuentran mi reserva? Pero si me lo han confirmado!!!  Dear, calm down, calm down, me dice una chica mas americana que un billete de un dolar con la sonrisa mas falsa que he visto en anhos. Tienes una copia de la confirmacion? Pues mira, no. En mi correo electronico debe estar. Y va y me manda al centro de internet. De internet? Pero hay de eso aqui? Pero esto no es una especie de monasterio donde no hay contacto con el mundo exterior? Pues no.  Media hora despues aparezco triunfante con la  prueba de mi reserva. Me admiten pero me mandan al dorm, o sea, a los barracones. Horror.

Me dan algo que parecen unas sabanas. Acerco la nariz. Huele a humedad. No me extranha. No ha parado de llover desde que llegue. Me lo tomo como una prueba mas de la flexibilidad que debo aprender. Humildad, humildad. Reclamo una mosquitera. Puedo vivir sin muchas cosas pero no sin mosquitera, yo que tengo la sangre dulce y que soy bocado sistematico de los bichos voladores.  Con mi botin me encamino al dorm. Busco una cama libre. Todas me parecen horrendas. Decido instalarme al lado de una chica que lee. No me parece demasiado feliz. Otra americana? Pero bueno, es que se han venido todos aqui? O es que estan todos estresados? Esta californiana lleva seis dias aqui y se marcha manhana. No aguanta mas. A la vista de los colchones, y del estado higienico del dorm no se lo puedo reprochar. Hago de tripas corazon, coloco las sabanas, instalo la mosquitera… Pero donde voy a colgar yo la mosquitera? No hay gancho! Corro a la administracion. Que no hay gancho. Que no pienso dormir sin mosquitera para amanecer hecha un ecce homo y con principio de dengue. Madam, madam, take a sit. Que no hombre, que no me siento. Y deja de menear la cabeza que me pones nerviosa! Estoy empezando a pensar que en vez de alcanzar peace of mind me voy a liar a gritos de un momento a otro. Salgo de la recepcion con cuatro cachos de cuerda. No son lo suficientemente largos para colgarme…

Al menos he llegado a la hora de la cena. Me dirijo al comedor. Oigo gente entonando canticos. Debe ser las oraciones antes de la cena. Hay barullo, es la hora de comer y la gente se relaja. Alguien con aspecto de Kunta Kinte recuerda a golpe de microfono: “Please, eat in silence”. Pues eso, come y calla. Todos comemos en bandejas instaladas en el suelo, formando grandes hileras. Me instalo en el primer sitio a mi alcance. Le pregunto al de al lado que si tambien acaba de llegar. Me sonrie y me dice que si, con un acento lejano al ingles. Se llama Marcos. Y es de Tarragona. Siempre lo he dicho, hay catalantes por todo el mundo, Visca Calalunya.

To be continued

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