lunes, 13 de diciembre de 2010

Mi vida en un ashram (2) texto sin acentos.

Oigo voces a lo lejos, parecen canticos pero no podria asegurarlo. Oigo repicar una campana, como se hacia antiguamente en los pueblos par avisar de las emergencias a los parroquianos. De repente alguien enciende la luz y me saca de mis ensonhaciones. Abro los ojos, lo veo todo cuadriculado. Habia olvidado que estaba debajo de una mosquitera.
 
El dorm se pone en marcha. Son las 5:30 de la manhana. No hago preguntas. Me quito las leganhas con las manos y decido que mi cuerpo no es capaz de soportar una ducha fria antes del desayuno. En un asrham no hay agua caliente. El agua fria desentumece los musculos, despierta la mente y tonifica. A pesar de todos esos beneficios, persisto en mi actitud y me escabullo fuera del dorm con mis esterilla de yoga a cuestas. Llevo doce horas aqui y ya he entendido que la esterilla es el equivalente de tu silla; si no tienes esterilla te sientas en el suelo, y el suelo esta casi siempre mojado.
 
A las seis de la manhana nos reunimos todos en el templo. Es la hora del satsang, o sea, que nos sentamos en silencio, intentando seguir las instrucciones del swami (el monje que viste de naranja) que nos esta iniciando en el arte de meditar.  Para meditar se necesita  mucha concentracion y mucho entrenamiento. Cierro los ojos, me concentro en mi respiracion, intento imaginar un punto en el medio de mis cejas, mi tercer ojo, entono el mantra ohmmmmmm, ohmmmmm, ohmmmmmm. Veo cosas. Figuras geometricas de colores que se repiten hasta la saciedad. Si pudiera dibujar todo lo que veo con lo ojos cerrados crearia formas imposibles, y arquitecturas que solo se sostendrian en mi mente. De repente me acuerdo de Escher y de sus dibujos imposibles. Me pregunto si Escher meditaba...
 
Me rasco en un brazo. Me acaba de picar un mosquito. Normal. A las cinco de la manhana no me he acordado del repelente. Doscientas personas sentadas en filas perfectas y sin mover una ceja durante media hora son el bocado perfecto. Si yo fuera mosquito iria a comer al templo. Un monton de sangre disponible y ademas esta sabe diferente. Cada semana cambian el menu. Los nuevos incautos que se concentran en su tercer ojo con toda la fuerza de su mente no se inmutan por las picaduras. Lo dicho, los moquitos de este ashram son felices.
 
Oigo rugidos en la lejania. Unos rugidos bestiales que provienen de una reserva de animales donde hay leones. El rugido del leon se oye a kilometros de distancia. Es un sonido que te hiela la sangre en las venas, te deja completamente paralizado. Se oye tan claramente en medio del silencio de la meditacion que uno se pregunta  a cuanta distancia estaran los leones. Confio en que esten lo suficientemente lejos. Me dan envidia, rugiendo y rugiendo, y sin tener que sentarse con las piernas cruzadas en la posicion del loto intentando mantener el espinazo derecho. De repente me doy cuenta de que no estoy meditando. Todas estas cosas pasan por mi cabeza cuando yo deberia poner mi mente en blanco (o en negro, porque negro es todo lo que veo). Los leones siguen ruge que te ruge. Ahora si que se oye claro que hay mas de un leon. Caigo en la cuenta de que los leones se lo estan pasando estupendamente. Son la seis de la manhana y estan copulando. Me vuelven a dar envidia, estos bichos tan simpaticos. Aqui en el asharm, celibato total. Pero se puede saber como me voy a poder concentrar yo en la nada de mi mente si me parece estar oyendo en estereo una emision del National Geographic sobre las quince horas al dia de copulacion de los leones en epoca de celo? Shiva, Vishnu y Ganesha, ayudadme a concentrarme porque mi mente se esta yendo por otros derroteros... Shanti, shanti, shanti...
 
Se encienden las luces. Empiezan los canticos. Cantamos en sanscrito. Una verdadera preciosidad de idioma. Los holandeses deberian haber aprendido algo mas de su estancia en la India e importar la musicalidad del sanscrito. El holandes es la lengua mas fea del planeta. Siento la vibracion en mi pecho. Es una sensacion agradable. Mi cuerpo vibra. Puedo sentir la energia de esa vibracion comun. Doscientas personas entonando al mismo tiempo son una fuerza increible. No entiendo nada de lo que canto. Ni falta que hace. Cantar es mucho mas facil que meditar y ahi voy, cantandole a Ganesha y pensando que el cura de mi parroquia estaria feliz si cantara con la misma devocion en la iglesia.
 
Tras el satsang agarro mi esterilla y me voy a clase de yoga. Es mi primera clase. Miro a mi alrededor. Los hay tan perdidos como yo y respiro aliviada. Nuestro profesor para principiantes es indio y tiene una voz musical. Enhale, exhale, breath, breath.... Me dejo llevar por esa voz delicada que parece que canta. Intento seguir las instrucciones y descubro que mi cuerpo es fuerte pero no es flexible. No me desanimo y sigo obedeciendo al profesor. Es parte de la dinamica del ashram. No puedo parar de sudar. La humedad en el ambiente es brutal. Mi cuerpo se resiste a la tortura de estirarse ad infinitum. Pero como es posible que se coja las manos por la espalda? Me recuerda al circo del sol... Pienso en el potro medieval y en como les descoyuntaban los huesos. Siento que estoy a punto de hacer crack. Pero no hago crack. Es la maravilla del yoga. Lo empiezas en estado catatonico a las ocho de la manhana y lo acabas fresco como una rosa a las diez. Primera sopresa y no sera la ultima.
 
 to be continued

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